InicioDesde la EsquinaUn contraperitaje hecho a la medida de los Espaillat

Un contraperitaje hecho a la medida de los Espaillat

El contraperitaje solicitado por la defensa de Antonio y Maribel Espaillat terminó produciendo un efecto completamente distinto al esperado. Lejos de desmontar la tesis del Ministerio Público, el documento refuerza la idea de que la tragedia del Jet Set ocurrió dentro de una estructura que llevaba años mostrando señales de deterioro progresivo. El informe habla de vigas debilitadas, hundimientos acumulativos, deformaciones estructurales y defectos ocultos de construcción, elementos que inevitablemente colocan la discusión alrededor de la responsabilidad de quienes administraban y explotaban comercialmente el establecimiento mientras cientos de personas asistían regularmente al lugar.

La defensa intentó centrar el debate en desmontar la hipótesis de una sobrecarga reciente sobre el techo. Sin embargo, el propio informe reconoce que el edificio presentaba problemas estructurales acumulados desde hacía décadas y que el techo había venido cediendo lentamente con el paso de los años. Esa conclusión resulta profundamente comprometedora, porque si existían deformaciones progresivas y señales visibles de deterioro relacionadas incluso con filtraciones y correcciones constantes en las pendientes del agua, surge una pregunta imposible de esquivar: ¿cómo una estructura en esas condiciones continuó funcionando como uno de los centros de entretenimiento más concurridos del país?

Ahí es donde la teoría del homicidio involuntario cobra todavía más fuerza. El Ministerio Público sostiene que existió negligencia, imprudencia e inobservancia de las responsabilidades mínimas de seguridad, y el nuevo peritaje termina alimentando precisamente esa narrativa. Porque aunque el documento intente atribuir parte del problema a defectos originales de construcción, la administración del establecimiento seguía teniendo el deber de garantizar condiciones seguras para el público. La existencia de un deterioro prolongado durante años hace todavía más difícil sostener la idea de un hecho imprevisible o repentino.

También llama la atención el intento de introducir la posibilidad de una explosión como factor alternativo, aun cuando los propios análisis químicos realizados por los peritos contratados por la defensa arrojaron resultados negativos para explosivos comunes. Esa línea argumentativa terminó proyectando la sensación de una estrategia desesperada por dispersar responsabilidades, especialmente cuando el mismo documento concluye que la causa principal estuvo vinculada al debilitamiento interno de la estructura y al deterioro acumulativo de las vigas. En términos de percepción pública, el resultado terminó siendo contraproducente para los imputados.

La tragedia del Jet Set dejó 236 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, convirtiéndose en una de las páginas más dolorosas de la historia reciente dominicana. Frente a una dimensión humana tan devastadora, la sociedad espera respuestas contundentes y responsabilidades claras. Cada nuevo documento técnico fortalece la percepción de que existieron señales de alerta ignoradas durante demasiado tiempo y que el interés comercial terminó pesando más que la seguridad de quienes acudían al lugar buscando entretenimiento y diversión.

El juicio determinará las consecuencias penales y definirá el alcance jurídico de las responsabilidades individuales. Sin embargo, social y moralmente el caso ya parece haber tomado un rumbo muy difícil de revertir para los Espaillat. Paradójicamente, el peritaje que buscaba aliviar su situación terminó reforzando la idea de que el colapso del Jet Set fue la consecuencia de una estructura deteriorada que permaneció operando durante años bajo la responsabilidad directa de sus propietarios.

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