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Jet Set: sin justicia no hay cierre

En República Dominicana hay tragedias que duelen… y luego hay tragedias que incomodan al poder. El caso Jet Set pertenece a las dos.

El 8 de abril de 2025, el colapso del techo de la discoteca dejó 236 personas fallecidas y más de 180 heridas. Una de las tragedias más impactantes en la memoria reciente del país. Un hecho que no admite matices: esto no fue un accidente inevitable, fue una falla que debe tener responsables.

Y ahí es donde empieza el verdadero problema.

Ha pasado el tiempo. Han circulado versiones. Han salido reportes. Pero la pregunta central sigue sin respuesta clara y contundente: ¿quién responde por esto?

No basta con el duelo. No basta con el recuerdo. No basta con discursos de solidaridad. Cuando hay vidas perdidas en estas condiciones, lo mínimo que exige una sociedad es justicia.

Y la justicia tiene nombre y apellido.

Los dueños de la discoteca no pueden quedar al margen de este proceso. No pueden esconderse detrás del silencio, de vacíos legales o de procesos que se dilatan hasta que la indignación se enfríe. Porque operar un espacio como ese implica una responsabilidad directa sobre la seguridad de quienes entran por esa puerta.

Aquí no estamos hablando solo de una tragedia estructural, estamos hablando de decisiones, de mantenimiento, de supervisión, de cumplimiento de normas. Y si esas normas no se cumplieron, entonces hay responsabilidad. Y si hay responsabilidad, tiene que haber consecuencias.

Lo contrario es impunidad.

Y la impunidad no solo le falla a las víctimas. Le falla al país completo.

Porque cuando una tragedia de esta magnitud no tiene consecuencias claras, el mensaje que se instala es peligroso: que nada pasa. Que todo sigue igual. Que el poder económico puede más que la justicia.

No se trata de venganza. Se trata de responsabilidad.

Se trata de que las familias que perdieron a sus seres queridos sepan que sus vidas importaban. Se trata de que los heridos, los sobrevivientes y toda una sociedad golpeada entiendan que esto no quedará en el olvido.

Pero también se trata de prevenir. Porque sin justicia, no hay garantía de que algo así no vuelva a pasar.

Desde esta esquina lo decimos sin rodeos: el caso Jet Set no puede cerrarse en silencio. No puede diluirse en el tiempo. No puede terminar sin consecuencias.

Aquí hay responsables. Y el país merece verlos responder.

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