La carrera presidencial del PRM comenzó a moverse mucho antes de que el calendario electoral la hiciera inevitable. Aunque las elecciones de 2028 todavía están lejos, el oficialismo ya vive una competencia interna donde varias figuras buscan posicionarse como herederas del ciclo político abierto por el presidente Luis Abinader. En ese escenario, Carolina Mejía y Raquel Peña representan dos rutas distintas hacia una misma meta: la candidatura presidencial del partido de gobierno.
Carolina Mejía llega a esta competencia con una ventaja política evidente: tiene partido, apellido, estructura y votos propios. Es hija del expresidente Hipólito Mejía, secretaria general del PRM y alcaldesa del Distrito Nacional. Su trayectoria combina herencia política, gestión municipal y presencia partidaria. En 2020 se convirtió en la primera mujer electa como alcaldesa del Distrito Nacional y anteriormente había sido candidata vicepresidencial del PRM en las elecciones de 2016.
Su principal fortaleza radica en que parte desde una plaza electoral consolidada. En 2024 fue reelegida como alcaldesa del Distrito Nacional con más del 61% de los votos, un resultado que fortaleció su imagen como una figura con capacidad de conectar con el electorado y ganar elecciones en el territorio político más visible del país.
En las últimas semanas, Carolina ha dado señales cada vez más claras sobre sus aspiraciones presidenciales. Durante actividades políticas en la región Este expresó que se siente preparada para asumir la candidatura presidencial del PRM. En esos encuentros recibió respaldo de dirigentes, alcaldes y legisladores de provincias como La Romana, La Altagracia, El Seibo, Hato Mayor, Monte Plata y San Pedro de Macorís, evidenciando un proceso de articulación territorial que busca proyectarla más allá del Distrito Nacional.
Raquel Peña, en cambio, representa otro tipo de liderazgo dentro del oficialismo. Su perfil surge principalmente del sector académico, empresarial y de gestión pública. Antes de llegar a la Vicepresidencia tuvo una destacada participación en el ámbito universitario y empresarial en Santiago, especialmente vinculada a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y al sector privado de la región Norte.
Desde la Vicepresidencia ha acumulado experiencia en áreas sensibles del Gobierno y se ha proyectado como una figura de estabilidad y continuidad dentro del proyecto político del presidente Abinader. Su principal fortaleza se encuentra en la cercanía con el poder Ejecutivo, la confianza institucional y una imagen pública asociada a moderación y capacidad de gestión.
Su proyecto político también comenzó a estructurarse de manera más visible. Distintos medios nacionales reportaron durante 2025 la integración de dirigentes y funcionarios a su entorno político, incluyendo al director de Promipyme, Adolfo Pérez, quien ha sido una de las figuras más activas en la promoción de sus aspiraciones. Según reportes publicados por medios nacionales, sectores vinculados al Gobierno, legisladores, alcaldes y funcionarios han comenzado a manifestar simpatía hacia una eventual candidatura de Peña.
La diferencia entre ambas está en el tipo de liderazgo que intentan construir. Carolina Mejía busca consolidarse como una dirigente con raíces perremeístas, estructura territorial y legitimidad electoral propia. Raquel Peña intenta proyectarse como garantía de continuidad gubernamental, estabilidad institucional y experiencia de gestión. Una se fortalece desde el partido y el trabajo político territorial. La otra desde el Gobierno y la administración pública.
Aun así, ambas enfrentan un desafío evidente dentro de la competencia interna del PRM: el posicionamiento de David Collado. Distintas encuestas publicadas recientemente reflejan que el actual ministro de Turismo mantiene niveles de simpatía superiores dentro del electorado oficialista, colocándose por delante de otras figuras presidenciables del partido.
Ese escenario cambia parte de la lectura política. Carolina Mejía aparece hoy como la mujer con mayor estructura y posicionamiento dentro del PRM, aunque todavía enfrenta el reto de expandir su liderazgo a escala nacional y más allá del núcleo tradicional del hipolitismo. Raquel Peña, por su parte, posee respaldo institucional y cercanía con sectores del Gobierno, pero aún debe traducir esa presencia administrativa en fuerza electoral, estructura política y conexión emocional con las bases partidarias.
La verdadera discusión dentro del PRM trasciende únicamente quién quiere ser candidato presidencial. La pregunta de fondo gira alrededor de si el partido permitirá una competencia interna amplia y equilibrada o si terminará alineándose detrás de la figura que parezca más rentable electoralmente de cara a 2028. En esa ecuación, Carolina Mejía tiene mayor arraigo partidario. Raquel Peña posee más cercanía con el poder Ejecutivo. Pero, al menos por ahora, ninguna parece tener completamente asegurado el control del tablero político oficialista.



