Durante años, Alianza País ocupó un espacio particular dentro del escenario político dominicano. En medio del desgaste de los partidos tradicionales y del creciente desencanto ciudadano con la política, la organización liderada por Guillermo Moreno logró posicionarse como una propuesta centrada en la transparencia, la institucionalidad y la lucha contra la corrupción. Para muchos sectores urbanos, profesionales y jóvenes, representaba una alternativa distinta dentro de un sistema político marcado históricamente por el clientelismo y la polarización partidaria.
Sin embargo, con el paso de los años, el partido enfrentó dificultades para traducir ese posicionamiento ético en crecimiento electoral sostenido. Aunque logró reconocimiento público y presencia en debates nacionales importantes, sus resultados en las urnas reflejaron limitaciones para expandirse más allá de un núcleo específico de votantes.
La trayectoria presidencial de Guillermo Moreno muestra esa realidad. En las elecciones de 2012 obtuvo un 1.37% de los votos válidos. En 2016 alcanzó un 1.83%, mostrando un crecimiento moderado, aunque todavía distante de convertirse en una fuerza competitiva dentro del sistema político nacional. En 2020, sin embargo, el partido registró un retroceso importante al obtener 0.96% de los votos presidenciales, equivalente a unos 39 mil sufragios. Más allá de las cifras, los resultados evidenciaban las dificultades de Alianza País para conectar con sectores más amplios del electorado dominicano.
Parte de ese desafío parece haber estado relacionado con el perfil del propio proyecto político. Durante años, el discurso de Alianza País estuvo muy centrado en temas de institucionalidad, transparencia y combate a la corrupción, asuntos relevantes dentro de cualquier democracia. Sin embargo, en un país donde gran parte de la población también demanda respuestas inmediatas sobre empleo, seguridad, costo de vida y oportunidades económicas, el partido enfrentó retos para lograr una conexión emocional y territorial más amplia.
Al mismo tiempo, el escenario político dominicano fue cambiando. Nuevos liderazgos, nuevas dinámicas comunicacionales y formas distintas de hacer campaña comenzaron a transformar las expectativas de muchos votantes. En ese contexto, Alianza País parecía mantener un estilo político más tradicional en términos discursivos, apoyado principalmente en la denuncia y la crítica institucional, mientras otras figuras comenzaban a construir narrativas más emocionales y cercanas.
La alianza de Guillermo Moreno con sectores del oficialismo también generó debates dentro de parte de su base política y de quienes durante años lo respaldaron como una figura independiente del sistema tradicional. Para algunos simpatizantes, ese acercamiento representaba una estrategia política legítima dentro de la dinámica democrática. Para otros, significó una pérdida parcial del carácter opositor y diferenciador que originalmente había definido al partido.
Esa discusión volvió a quedar sobre la mesa durante las elecciones senatoriales de 2024 en el Distrito Nacional. A pesar de competir dentro de una alianza amplia y con respaldo oficialista, Guillermo Moreno fue derrotado por Omar Fernández, quien logró conectar con una parte importante del electorado capitalino a través de una narrativa de renovación generacional, cercanía y comunicación más adaptada a los nuevos tiempos políticos.
Más que representar únicamente una derrota electoral, el resultado abrió nuevamente el debate sobre las dificultades de ciertos proyectos políticos alternativos para mantenerse vigentes y crecer dentro del sistema dominicano. También dejó sobre la mesa una pregunta importante: por qué fuerzas políticas que logran conectar con sectores críticos del sistema no siempre consiguen transformar ese respaldo simbólico en una estructura electoral sólida y sostenida.
El caso de Alianza País refleja, en parte, los retos que enfrentan los partidos construidos alrededor de discursos éticos y de renovación institucional en sociedades donde el voto también está profundamente influenciado por factores emocionales, territoriales y de identificación personal con los liderazgos políticos.
Aun con sus limitaciones electorales, el partido dejó temas importantes instalados en el debate público dominicano, especialmente en torno a la transparencia, la institucionalidad y la necesidad de fortalecer la democracia. Sin embargo, los resultados de los últimos años parecen indicar que ese discurso, por sí solo, no fue suficiente para consolidar una mayoría política capaz de competir con las principales fuerzas tradicionales del país.



